Arte para ligerame[n]te saber la le[n]gua arauiga

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Juan de Varela de Salamanca, 1505 - 96 pages
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PEDRO DE ALCALÁ (Jer.)
Arte para ligeramente saber la lengua arauiga ; [Vocabulista arauigo en letra castellana] / [por fray Pedro de Alcalá…]
[Granada] : fue impressa… por Iuan varela de
salamanca…, a cinco… de hebrero 1505, [96] ; [540] p.; 4º
Debió de ser en la última década del siglo XV –apenas conquistada la ciudad de Granada y vigentes aún las Capitulaciones que regularon su rendición- cuando fray Pedro de Alcalá compuso el Arte para ligeramente saber la lengua arauiga. La obra estaba concebida como una gramática del árabe, seguida de una breve guía de conversación para los religiosos que acometerían la tarea de evangelizar a los musulmanes granadinos. Su autor recuerda en el prólogo que tuvo la obra concluida hacia 1501, pero que no salió de imprenta hasta 1505, fecha en que los Reyes Católicos ya habían hecho venir desde Salamanca a tal efecto al impresor Juan de Varela, por carecer la ciudad de quien desempeñase ese oficio. Este manual vio la luz juntamente con un diccionario castellano-árabe granadino titulado Vocabulista arauigo en letra castellana, que (aunque presenta portada propia y signatura independiente) suele aparecer encuadernado junto al Arte. Ambas composiciones comparten además un único pie de imprenta situado en el colofón del Vocabulista.
La obra de Pedro de Alcalá traza la imagen de dos comunidades lingüísticas abocadas a una convivencia de destino incierto. En 1501 fray Pedro reconoce, en el prólogo al Vocabulista, haber sido ayudado por sabios alfaquíes en su elaboración. Cuatro años más tarde, en 1505, en el colofón redactado antes de entrar en la imprenta, el autor solicita la indulgencia de los lectores por los muchos errores que la obra contiene, pues ya no encuentra quien pueda asesorarle en lo que al árabe se refiere. En el intervalo de cinco años los acontecimientos se habían precipitado: en 1499, la revuelta del Albaicín había tenido como resultado la abolición de aquel primer acuerdo de rendición en virtud del cual los granadinos mantendrían su religión, habla y costumbres. La conversión a partir de entonces fue obligatoria. Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada (que pertenecía también a la orden de San Jerónimo y del que fray Pedro era confesor), encuentra ante sí la tarea de impartir la doctrina cristiana a los nuevamente convertidos, cosa que se propuso hacer dirigiéndose a ellos en árabe.
Fruto de tal intención es el encargo de estas dos obras, que fueron concebidas de un modo muy práctico. En ambas, los textos árabes están escritos con caracteres latinos, rasgo que si bien algunos críticos atribuyen a la dificultad tipográfica que presentaba la utilización del alfabeto árabe, bien podría interpretarse como un hecho premeditado: facilitar a los misioneros desconocedores de esta lengua la lectura y uso de la obra. En lo que se refiere a su contenido, tras una breve exposición de los fundamentos gramaticales, el Arte comienza con la versión árabe de las oraciones básicas que debían acompañar la devoción cristiana: la señal de la cruz, el avemaría, el padrenuestro, el credo, la salve y el acto de contrición. A continuación, tras una breve exposición de la doctrina relativa a la confesión, ofrece a doble columna (castellano – árabe granadino) una guía para el confesor con preguntas guiadas por los mandamientos, los pecados capitales, las obras de misericordia, etc. El Arte concluye con la traducción del ordinario de la misa y algunas misas votivas.
La llegada de Jiménez de Cisneros a Granada en 1499, acompañando a los Reyes Católicos, provoca un cambio en la actitud hacia los musulmanes, a los que este arzobispo es partidario de convertir y evangelizar en castellano. Es difícil saber la utilidad real que tuvo esta obra finalmente. En todo caso, es claro testimonio de una de las actitudes religiosas adoptadas en su momento ante la cuestión de los moriscos, y –sin duda- un documento valiosísimo para el conocimiento del árabe hablado en Granada.
M.L.C
 

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