Circo callejero

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Ediciones Era, 2002 - Photography - 66 pages
En tanto más pobre, elemental y astroso es un circo, es más poético y expresivo. Los maravillosos cirqueros que dibujó el joven Picasso en su Período Rosa (de una pureza y nitidez que parecen imposibles de alcanzar) y que inspiraron poemas melancólicos de Rilke, no sólo son todos pobres, sino que se mueven en un espacio desolado. Tienen ese aire tristón, indeciso y desamparado de las afueras de una ciudad, aire de límite vacilante, de tierra de nadie. La razón del tono poético nacido de la incuria es que el circo, todo circo, aun los ricos y lujosos, de tres pistas, destilan no sé qué melancolía, y la miseria indefensa y callejera aumenta y precisa esta característica sutil. En el payaso pintarrajeado y gesticulante la melancolía alcanza su cumbre. ¿Por qué es melancólico el payaso? De entrada porque si hay algo libre, libérrimo, y ajeno a toda imposición, eso es la risa. Nadie ríe por mandato o decreto. En el disfraz de payaso hay un elemento de risa obligatoria, por eso fracasa siempre en su intento. Y aparece ahí ese otro sentido, más suave, lateral, el de fracaso estrepitoso y esencial. La delicada poesía del fracaso. Y esa etérea poesía la proyectamos, claro, a nuestros propios desvelos y trabajos: somos, aunque sin la misma cristalina estridencia, como el payaso. Y aquí aparece el circo callejero. Tiene el sabor fuerte del "se hace lo que se puede". Su voluntad es invencible. Es parodia de parodia y gran momento del teatro del absurdo.
 

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Section 1
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Section 2
39
Section 3
42
Section 4
44
Section 5
45
Section 6
49
Section 7
59
Section 8
62
Section 9
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65
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69
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