Cleopatra Perez. Edicion de Juan Egnacio Ferreras

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Cátedra, 1884 - Fiction - 195 pages
Ortega Munilla en su epoca realista llevo a sus novelas, con influjo de su oficio periodistico, lo que veia sin dejarse llevar por determinismos naturalistas. Publicada 1884, aparece como una obra pesimista, en la que se constata que el dinero es el unico medio de comunicacion que existe entre los personajes.
 

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Page 86 - ... entrada en la alcoba de la cortesana; la presencia de aquellos tres hombres vestidos de frac entre los voluptuosos adornos de aquel altar de Venus, y el aspecto del muerto rígido y helado con aquella fea mancha de vino en la camisa, hundido entre las revueltas sábanas; el heredero de ilustres glorias nacionales muriendo en el lecho de una prostituta, cuando había nacido para morir entre bendiciones de sacerdotes y sollozos de sus hijos; aquella mezcolanza feroz del Magistrado y grande de España...
Page 34 - ... la hora de cubrefuego. Mientras en estas alcobas, se ven en tal ocasión infantiles miserias, escuálidos miembros, amarillentas caritas, bien pocas de ellas sanas, la mayor parte afeadas por la escrófula y erizadas de pústulas y granos...
Page 8 - Mujer, eres de plomo; me tienes vestida hace un siglo — dijo la enmascarada á otra beldad que estaba en un confidente del tocador. Si hay una lengua que describa al mismo tiempo y con una sola palabra el escenario y los actores, esa pido yo á mi pluma que emplee en este caso; porque de encomendar el análisis de la escena á los ceremoniosos y largos procedimientos del habla humana, habrá de perderse la frescura de la primera impresión y el efecto de la sorpresa que el más vulgar arte de componer...
Page 162 - Roznga y de la escena del café... pensó Valentín que era deleitable placer el tomar varas. Lo que el curso natural de la vida hubiese hecho lentamente en el ánimo del pobre Valentín,, había sido obra de pocas horas en aquella casa. La libertad de conversaciones de Cleo y sus amigos, contrastaba con la severidad del lenguaje de la casa del ciprés en Nidonegro. Si el muchacho tenía ya los sentimientos que acuden al alma...
Page 180 - En esto si que andaba dudoso el chico. Porque gustarle, le gustaba mucho Virginia; sentir á su lado unas cosas muy raras, un recogimiento en el corazón, una alucinación en los ojos y en el cerebro, sí que los sentía también... Pero al mismo tiempo, el muchacho comprendía en las libres maneras de la cortesana algo que le hería y molestaba muy hondamente. Se acordaba de aquel día en que en un jardín de Nidonegro...
Page 101 - Ernesta. —Señora, traigo una misión difícil y delicada; pero no hay más remedio que abordarla, y abordarla sin arribajes ni rodeos. —Usted nos dirá. El ingeniero hacía gestos de asombro; miraba y miraba las ruedas de su polispasto, que debajo del fanal que las cubría sobre la cómoda parecían moverse, habiendo recobrado su fuerza semoviente por el asombro de aquella introducción. —Ustedes, que son personas caritativas y cristianas, han hecho una gran obra de caridad... —Ruego á...
Page 34 - ... sentimiento de pena del corazón. A esta hora es cuando cenan las nodrizas, allá abajo, en mal oliente cuadra, donde sobre una cocina de hierro cuece, en enormes cacerolas, un guisado piltrafoso de clara salsa, una comida capaz de imponer la dieta al más voraz. Cuando la campana avisa á las nodrizas, así como sedienta cuadriga de muías salen relinchantes y coceando del pesebre en busca del pozo, aquellas madres mercenarias abandonan á sus hijos pegadizos y van á saciar el instinto fiero...
Page 8 - ... los ceremoniosos y largos procedimientos del habla humana, habrá de perderse la frescura de la primera impresión y el efecto de la sorpresa que el más vulgar arte de componer novelas aquí reclama. Si hay un acento que sintetice en las palabras los contrastes y los refleje á través de los vocablos, ese acento quiero yo que vibre en estas líneas. La habitación era pequeña, tendidas sus paredes de tela rosácea, con grandes ramos de flores estampados en ella, y honrábanla con los prestigios...
Page 162 - ... Valentín, había sido obra de pocas horas en aquella casa. La libertad de conversaciones de Cleo y sus amigos, contrastaba con la severidad del lenguaje de la casa del ciprés en Nidonegro. Si el muchacho tenía ya los sentimientos que acuden al alma cuando al cuerpo la pubertad en la vida de aldea, no había encontrado, no sabía en qué palabras se expresaban. Pero al mismo tiempo que el modo de ser de aquella sociedad nueva para él, la atmósfera del hotel, en que flotaba un gas voluptuoso,...