Ejercicios Espirituales

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Linkgua Ediciones, S.L., 31 ago. 2010 - 88 páginas
1 Reseña
Tal como los define el propio San Ignacio de Loyola al comienzo del libro, los ejercicios espirituales abarcan «todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones». De modo que ésta es una obra de meditación y de oración donde el fundador de la Compañía de Jesús, partiendo de su propia experiencia, se propone como guía espiritual de quien esté dispuesto a retirarse del mundo durante cuatro semanas (este periodo es solo orientativo y cada practicante puede adaptarlo a sus progresos espirituales durante el retiro). Las meditaciones, contemplaciones y repeticiones realizadas a lo largo de los días de retiro (en silencio) ayudan a observar la propia vida con mayor claridad y a orientarse hacia un progresivo perfeccionamiento moral. Y, puesto que los Ejercicios espirituales que San Ignacio de Loyola propone en esta obra están inspirados en obras como La vida de Cristo del cartujo Ludolfo de Sajonia, que contribuyó a su conversión, y La imitación de Cristo de Kempis, lectura explícitamente recomendada, no es extraño que deban ser «practicados» más que «leídos».

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Sobre el autor (2010)

San Ignacio de Loyola nació hacia 1491, en el castillo de Loyola en Azpeitia, Guipúzcoa. Su padre, Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y también su madre, Marina Sáenz de Licona y Balda, provenía de la nobleza. Iñigo (ése fue su nombre bautismal) era el menor de ocho hermanos y tres hermanas. Muy joven luchó contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona de una incursión franco-navarra. La recuperación fue larga y dolorosa y con resultado negativo al haberse soldado mal los huesos. Entonces decidió volver a operarse y soportando el dolor como una parte más de su condición de hombre puro. Durante su convalecencia Ignacio leyó los libros La vida de Cristo, y el Flos Sanctorum, y bajo esta influencia su vida cambió.

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