El Judas de la casa

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Imp. "El comercio", 1863 - 282 pages
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Page 211 - Las eolias arpas suenan; Gime el ave sobre un sauce Perezosa y soñolienta, Se respira un fresco ambiente, Huele el campo a flores nuevas; Las campanas de la tarde Saludan a las tinieblas, Y en los brazos del reposo Se tiende naturaleza... ¡Y tus ojos se han cerrado, Y llegó tu noche eterna!
Page 266 - Dios. De tus labios, la sonrisa, la paz de tu lengua mana..., leve, aérea, como brisa de purpurina mañana. | Oh, qué hermosa nazarena para un harén oriental, suelta la negra melena sobre el cuello de cristal, en lecho de terciopelo...
Page 116 - Mi corazón se quema, no sale humo; eso sí que es quemarse con disimulo. El clavel que está en agua es para Pepe, y el agua es para Antonio, que se refresque. Si me quieres, te quiero; si me amas, te amo; si me olvidas, te olvido; a todo hago.
Page 210 - ... cuidar su pureza, y protegió con sus alas las ilusiones primeras; conservó sus ricos sueños y, para gloria más cierta, en el vaso de su alma guardó el olor de las selvas, guardó el recuerdo apacible de aquella tarde serena; mirra de santos consuelos, áloe de la inocencia...
Page 210 - Con estos temores vagos partí a lejanas riberas, y allá bañé mis memorias con una lágrima acerba. Juzgué su amor por el mío, entibióse mi firmeza, y en la duda del retorno olvidé su imagen bella. Pero al volver a mis playas, ¿qué cosa Dios me reserva?... ¡Un duro remordimiento, y el cadáver de Fidelia!
Page 210 - ... de la inocencia... ¡Yo no tuve ángel de guarda y, para colmo de penas, desde aquel mismo momento está en eclipse mi estrella; que en un estrado, una noche, al grato son de la orquesta, yo no sé por qué motivo se enlutaron mis ideas; sentí un dolor misterioso, torné los ojos a ella, presentí lo venidero: me vi triste y la vi muerta!.
Page 209 - No consultamos entonces nuestra suerte venidera, y en alas de la esperanza lanzamos finas promesas; no vimos que en torno nuestro se doblegaban enfermas sobre los débiles tallos las flores amarillentas; y en aquel loco delirio no presumimos siquiera que yo al fin me hallara triste!, ¡que tú al fin te hallaras muerta...
Page 208 - Tomamos ¡ay! por testigos de esta entrevista suprema unas aguas que se agotan y unas plantas que se secan, nubes que pasan fugaces, auras que rápidas vuelan, la música de las hojas y el perfume de las selvas!
Page 212 - ¡Y llegó tu noche eterna, y he venido a acompañarte y ya estás bajo la tierra!. . . ¡Bien me acuerdo! Hace diez años de aquella santa promesa, y hoy vengo a cumplir mis votos, ya verte por vez postrera. Ya he sabido lo pasado Supe tu amor y tus penas, y hay una voz que me dice que en tu alma inmortal me llevas. Mas. . . lo pasado fue gloria; pero el presente, Fidelia, el presente es un martirio: ¡yo estoy triste y tú estás muerta!

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