El alguacil endemoniado

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Linkgua digital, Jan 1, 2014 - Fiction - 22 pages
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Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645). Espana. Hijo de Pedro Gomez de Quevedo, noble y secretario de una hija de Carlos V y de la reina Ana de Austria. Francisco de Quevedo estudio con los jesuitas en Madrid, y luego en las universidades de Alcala (lenguas clasicas y modernas) y Valladolid (teologia).Tras su regreso a Madrid tuvo la proteccion del duque de Osuna, con quien viajo a Sicilia en 1613. Osuna fue nombrado virrey de Napoles y Quevedo ocupo su secretaria de hacienda y participo en misiones politicas contra Venecia promovidas por su protector. Cuando este cayo en desgracia Quevedo sufrio destierro y prision, pero regreso a la corte tras la muerte de Felipe III. Durante anos tuvo buenas relaciones con Felipe IV, aunque no consiguio ganarse la simpatia de su favorito, el conde-duque de Olivares. Se especula que dejo bajo la servilleta del monarca el memorial contra Olivares titulado Catolica, sacra, real Majestad, lo que motivo su detencion en 1639. Se cree, en cambio, que termino en un calabozo del convento de San Marcos de Leon, donde estuvo hasta 1643, victima de una conspiracion. Murio en Villanueva de los Infantes.
 

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Contents

Presentación
7
AL CONDE DE LEMOS PRESIDENTE DE INDIAS
9
DISCURSO
11
Libros a la carta
21
Copyright

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Common terms and phrases

About the author (2014)

Francisco de Quevedo (Madrid, 158-Villanueva de los Infantes, 1645). España. Francisco Gómez de Quevedo y Villegas nació en septiembre de 158, en Madrid. Su padre, Pedro Gómez de Quevedo, de ascendencia noble cántabra (valle de Toranzo) se trasladó a Madrid y desempeñó el cargo de secretario de Ana de Austria en la Corte madrileña, donde se casó con María de Santibáñez, también oriunda de las montañas santanderinas y al servicio de la Casa Real. Francisco tuvo cuatro hermanas y un hermano. Desde su infancia y juventud, Quevedo destacaba positivamente por su gran capacidad intelectual, pero no por sus condiciones físicas, ya que tenía defectos en los pies, era cojo de uno de ellos y muy corto de vista. Su padre murió pronto, y su madre se hizo cargo de su educación enviándolo al colegio Imperial (jesuita), en Madrid, donde estudió hasta 1596, tras lo cual inició estudios universitarios de humanidades, filosofía y lenguas (clásicas, italiano y francés) en Alcalá de Henares. Ya en su periodo universitario dio muestras Quevedo de su talante mundano y atribulado. Constan algunos hechos que responden a este talante, y no solo literarios, sino relacionados con trifurcas y duelos callejeros, como uno con un tal Diego Carrillo, a quien hirió en una pelea y de cuya demanda solo le salvó la intervención del duque de Medinacelli. En 16, siguiendo a la corte, pasó a estudiar en Valladolid, donde estudió teología, adquirió fama de reconocido poeta y se fraguó su famosa rivalidad con Góngora. A Madrid regresó también con la corte en 166, viviendo en contacto tanto con los círculos literarios como políticos, trabando amistad con personajes como Lope de Vega, Miguel de Cervantes y el duque de Osuna..., y asentando su enemistad con otros literatos, como con Luis de Góngora o los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón y Juan Pérez de Montalbán. En Madrid siguió sus estudios de teología, tradujo algunos clásicos (Anacreonte y Focílides) y continuó escribiendo. Su compromiso político con España se cifró en una preocupación pesimista por la decadencia que experimentaba el imperio español, pero también se ocupó en labores activas. Así, en 1613, Quevedo acompañó a Italia al duque de Osuna (nombrado virrey de Nápoles, quizá gracias a las gestiones del mismo Quevedo), sirviéndole como secretario de Estado. También participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas, lo que le valió su ordenación como caballero de la Orden de Santiago (1618). No obstante, las turbulencias políticas generadas en la conjura de Venecia (de la que huyó milagrosamente), así como la caída en desgracia del duque de Osuna, supusieron una acusación sobre su persona que acabó, en 162, con un corto destierro en una finca llamada Torre de Juan Abad (Ciudad Real), la cual le había legado en propiedad su madre antes de morir. La compra de dicha finca por parte de la madre fue objeto de disputa con los vecinos del lugar, y Quevedo hubo de entrar en pleitos infructuosos que solo se saldaron a su favor tras su muerte, y a favor de su sobrino y heredero Pedro Alderete (Aldrete). No obstante las dificultades prácticas, Quevedo escribió allí algunas de sus mejores poesías y profundizó en el estudio y la lectura del estoico Séneca. La llegada al trono de Felipe IV (1621) y del valido conde-duque de Olivares promovió el levantamiento de su destierro, y en 1624 ya estaba integrado en la Corte real, acompañando al rey en sus viajes a Aragón y Andalucía. Quevedo fue escribiendo y publicando algunos textos. También denunció por entonces la impresión no autorizada de sus piezas satíricas por algunos libreros (en funciones de impresores en aquella época). Es probable que buscara así preparar el camino a una edición completa de sus obras, pero ésta no tuvo lugar. Quevedo, soltero (aunque amancebado con una mujer llamada Ledesma) y disoluto, llevaba una vida de hiperactividad también en las tabernas y prostíbulos, sin perder por ello el favor del rey, que lo mantuvo en un lugar privilegiado en la Corte. Quevedo fue incluso impelido desde algunas instancias palaciegas a casarse con Esperanza de Mendoza, viuda, a la que se resistió hasta 1634. El resultado de aquella boda fue la separación a los tres meses y el divorcio dos años después. Pero esa febril actividad se produjo también en la escritura. Sus posiciones críticas respecto a la situación política de España se van separando de las del conde-duque de Olivares (antes tan afines), y entonces aparece el famoso escrito del «Memorial», que llega a las manos de Felipe IV en 1639. Dicho texto execraba y satirizaba la acción de Olivares y demandaba soluciones para España, pero no fue del gusto del monarca, quien, estando Quevedo en la casa de su amigo el duque de Medinaceli (opuesto a Olivares), lo mandó detener y confinar en el convento de San Marcos, en León (También pudieron influir en esta detención los contactos de Quevedo y su grupo afín con agentes franceses.) De aquel encierro solo salió poco antes de la caída del valido, en 1643. Ya anciano y con problemas de salud, Quevedo se retiró a la Torre de Juan Abad (Villanueva de los Infantes), donde morirá, sin dejar de escribir, el 8 de septiembre de 1645.

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