Jesús Dávila de Cordero : reminiscencias fúnebres: 9 de Julio de 1894, tercer aniversario de su muerte

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Tip. de los Talleres Salesianos, 1894 - 224 pages
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Page 182 - Te llora amargamente, como un niño, Y te llama, y te espera, Y, como no contestas, se sorprende, Y de ver que no asomas, se horroriza, Y hiélase de espanto; pues comprende Que ya no eres, mi amor,
Page 189 - en mi aciaga tarde, A recorrer el resto del camino. Solitario y errante en la jornada Más penosa y difícil de la vida, El alma, entre mis hijos y mi amada, En sangrientas mitades dividida, A cuestas con el fardo ponderoso De mi muerta ventura, Salgo
Page 187 - verme. . . . Tu familia de huérfanos ya duerme; Desamparado estoy. . . . lúgubre calma De silenciosa noche me circunda, Noche en el corazón, noche en el alma: Todo es quietud profunda: Nadie te observará: sólo yo velo. Acércate, por Dios; dame al oído El plácido mensaje que del Cielo, Por favor, por piedad, me habrás traído. ¿Cómo he de soportar esta condena De forzado
Page 187 - mitigar mi pena, No vienes, con tu amor, sombra querida? Espíritu inmortal, que al sacrosanto Seno de Dios volaste, Recuerda que en el mundo me dejaste Náufrago de las ondas de mi llanto. Yo debo perecer, si no me amparas; Pero ¡ay, entonces, de las prendas caras, Que mi dicha de ayer diera por fruto! De orfandad doble vestirán el luto.
Page 180 - quien traspasa De aleve cazador bala certera, Aturdido cruzar monte y llanura, Y correr, y correr, sin rumbo cierto, Hasta caerme muerto, Allá en el fondo de una selva oscura!... Triste que muere, sus congojas mata, Y éste el remedio de mi mal sería; Mas ¡ oh martirio ! la fortuna impía, Que el más estrecho vínculo desata, Quiere extremar conmigo su violencia;
Page 188 - tu clemencia, Con mi grupo de huérfanos, acudo: Bajo tu amparo pongo su inocencia. Cuando su buena madre ya no pudo Hablar palabra del lenguaje humano, Todavía tu nombre soberano Con labio balbuciente pronunciaba, Y hasta el último instante repetía; Porque mi pobre mártir expiraba Entregando sus hijos
Page 187 - que la llamabas; Mil veces me lo dijo de antemano; Aunque, al hablarme de su fin cercano, ¡ Insensato de mí! no lo creyera. Ay! cuando ya no existe, Saboreo el acíbar de aquel triste:
Page 181 - que, inocente, En el regazo maternal anida, Del materno calor saca la vida, No la dejes sin madre, Dios clemente! ¡ Piedad, Señor! mis hijos la han perdido: El mayor infortunio de la tierra Sobre
Page 180 - A la roca fatal de la existencia. ¡Reliquias de mi bien, huérfanos míos, Que, gimiendo, aterrados y sombríos, Me circundáis en grupo tembloroso, "Vosotros el precioso Derecho me quitáis con que podría Postrarme de
Page 180 - beber del mar de la amargura, Os debo consolar, prendas dolientes De mi muerta ventura ! ..... Mas ¿cómo aliviaré vuestro tormento? ¿Qué luz, para mi rostro macilento; Para mi mustio labio, qué sonrisa; Qué lenguaje,

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