La hija del Adelantado: Novelo histórica

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Imprenta de la Paz: C. de Guadelupe, 1866 - 183 pages
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Page 183 - Aquí da fin el autor a la novela y nos informa que "la hija del Adelantado tuvo que llevar el peso de la vida por algunos años, conservando vivo en su memoria, como un oculto torcedor, el recuerdo de la muerte desastrada de Portocarrero y la tristísima historia de aquellos amores".
Page 24 - ... Pedro Rodríguez, quien después de haber sorprendido aquella escena, visto que se separaron Ronquillo y Castellanos, y oído sus últimas palabras, se retiró a su casa pensativo. El 4 de octubre de 1539 tuvo efecto el torneo, cuyo recuerdo se conservó aún algunos años después de la destrucción de la primitiva ciudad de Guatemala. La plaza, vistosamente adornada, estaba llena de espectadores. Las familias principales ocupaban sitios preferentes bajo toldos de lienzo, adornados con colgaduras...
Page 25 - ... que hacer, siendo, como hemos dicho, uno de los jueces del campo. Dispuesto ya todo, los heraldos publicaron el reto en nombre de los mantenedores; presentáronse muchos caballeros, y habiendo hecho seña los clarines, comenzó el combate. Al principio, la cuadrilla que acaudillaba Jorge de Alvarado llevaba la mejor parte en la pelea. El valeroso hermano del Adelantado rompió seis lanzas y había desmontado ya cuatro paladines de los de Portocarrero. Muchos de los caballeros se lucieron en aquella...
Page 24 - ... brillantes. Colocaron a sus pies un taburete con cojín de terciopelo, sobre el cual estaba la corona de oro, figurando dos ramas de laurel, destinada al vencedor. Al presentarse la hija del Adelantado, un murmullo de admiración se levantó en torno del palenque, sincero y expresivo homenaje rendido a la belleza de la reina del torneo. Los jueces, armados de punta en blanco, recorrieron el campo y dictaron sus últimas disposiciones. Los mantenedores aguardaban firmes en sus respectivos puestos....
Page 20 - ... vestidos de gala, con cajas, clarines, atabales, trompetas, marimbas y otros instrumentos del país, y cerraban la marcha los mosqueteros y arcabuceros, con los cañones, o tiros, como los llamaban entonces. Don Francisco de la Cueva vestía a la húngara, con peto dorado, mangas y calzón de encajes finos de celeste y plata sobre lama de oro, manto imperial de rengue verde con ramazón de oro sobre raso blanco y las vueltas de armiño con puntas volantes de plata. Montaba un magnífico overo...
Page 21 - ... caballero saludó cortésmente, dirigiendo una mirada llena de expresión al balcón de las Casas Consistoriales. Después de la buena suerte ejecutada por tan diestro jinete, nadie se atrevía a correr un nuevo lance; cuando se desprendió del grupo de caballeros un hombre pequeño de cuerpo, agobiado con el peso de las armas. Era nuestro antiguo conocido el Veedor Gonzalo Ronquillo, que tuvo la desgraciada idea de rivalizar aquella tarde con Portocarrero. Enristró la lanza, afianzóse bien...
Page 41 - Sí, padre mío, ¿por qué ocultároslo ya? Amo a don Pedro, lo he amado tiempo hace y lo amaré mientras viviere. Jamás mi pobre corazón, que ha sufrido en silencio, ha alimentado la esperanza lisonjera de ver satisfecha su única ilusión. Conozco vuestros proyectos, y sin fuerza para secundarlos, he resuelto, como ya os lo he dicho, abrazar el estado religioso.
Page 27 - ... tierra sin sentido. — ¿Qué hacéis, don Pedro? — gritó don Francisco de la Cueva; no es ese el modo de combatir con un caballero. — Es el modo de castigar a un villano — contestó Portocarrero y se retiró a su tienda ensangrentado. Los escuderos y pajes del desconocido acudieron en su auxilio, y habiendo desatado las correas del yelmo y descubierto la cabeza de éste, apareció, pálido y demudado, el rostro del Veedor Gonzalo Ronquillo. — ¡El Estafermo! — gritó el pueblo, y...
Page 20 - ... ciudad, en medio de los del Adelantado y su esposa. Los fuegos artificiales que se exhibieron en una de las noches, se componían de árboles, castillos y sierpes de pólvora. Diremos ahora lo que era el juego del estafermo, que tuvo lugar en una de las tardes destinadas a las fiestas. Llamábase estafermo una figura de bastidor representando un caballero armado, que llevaba en el brazo izquierdo un broquel, y en el derecho, levantado y extendido, unas correas largas, cuyas puntas remataban en...
Page 13 - D. Pedro de la Cueva, comendador mayor de Alcántara y almirante de Santo Domingo, que á costa de Cortés trajese seiscientos soldados, y que, hallándole culpado, le cortase la cabeza.

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