Novelas cortas: ser. Cuentos amatorios

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A. Pérez Dubrull, 1884
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Page 9 - ... escasez de sus canas con una toquilla de amarillentos encajes flamencos. Sobre la falda tenía abierto un libro de oraciones ; pero sus ojos habían dejado de leer para fijarse en un niño de seis a siete años, que jugaba y hablaba solo, revolcándose sobre la alfombra en uno de los cuadrilongos de luz de sol que proyectaban los balcones en el suelo de la anchurosa estancia. Este niño era endeble, pálido, rubio y enfermizo como los hijos de Felipe IV pintados por Velázquez. E,n su abultada...
Page 229 - Volvió á sus juegos la fiera, y á sus llantos el pastor, y de la misma manera ella queda en la ribera y él en su mismo dolor.
Page xliv - Cuentos amatorios se titula esta serie de novelillas, y amatoria es, efectivamente, hasta rayar en alegre y aun en picante, la forma exterior o vestidura de casi todas ellas. Pero, en buena hora lo diga, ni por la forma, ni por la esencia, son amatorios al modo de ciertos libros de la literatura francesa contemporánea, en que el amor sensual se sobrepone a toda ley divina y humana...
Page 292 - Mesa fue aquélla en que nacieron algunas comedias del hijo de Larra, algunos dramas de Eguílaz, algunas novelas de Agustín Bonnat, cantares de Trueba, artículos económicos de Antonio Hernández y letrillas de Manuel del Palacio; en que se tradujo La profesión de fe del siglo XIX, de Eugenio Pelletan...
Page 212 - Suelta el arador sus bueyes; y entre sencillos afanes para el redil los ganados volviendo van los zagales: suena un confuso balido, gimiendo que los separen del dulce pasto, y las crías corren llamando a sus madres.
Page 224 - Tórtola amante, que en el robre moras, Endechando en arrullos quejas tantas, Mucho alivias tus penas, si es que lloras, Y pocos son tus males, si es que cantas.
Page xxiv - ... amenguar la fecundidad de su pluma : nuevas novelas, nuevos artículos, nuevas poesías brotaron de ella, en tanto que , dando muestras de viril patriotismo en medio de aquella tempestad de pasajeras impresiones, exclamaba ardorosamente : «Méjico, Gibraltar, la raza impía Que, afrentando la sombra de Cisneros , Con júbilo soez nos desafia, ¿ Será que siempre nos aguarden fieros Sin que salten ¡ oh Dios!
Page 8 - Su ya trémula cabeza sólo podía haberse inclinado ante los altares. Sus ojos parecían armados del rayo de la excomunión. A poco que se contemplara a aquella mujer, conocíase que, dondequiera que ella imperase, no habría más arbitrio que matarla u obedecerla. Y, sin embargo, su gesto no expresaba crueldad ni mala intención, sino estrechez de principios y una intolerancia de conducta incapaz de transigir en nada ni por nadie. Esta señora vestía saya y jubón de alepín negro de la reina,...
Page 15 - ... que es el mundo y de lo que encierra el corazón humano), y, en cambio, podía discernir perfectamente (pues también ella pecaba de linajuda) las grandes ventajas que su profesión reportaría al esplendor de su nombre, resultó que se hizo monja con cierta ufanía, ya que no con franco y declarado regocijo. Pero corrieron los años, y sor Isabel, que se había criado mustia, y endeble, y que al tiempo de su profesión era, si no una niña, una mujer tardía o...
Page 15 - Sanctorum para leer la historia de aquellas heroínas, de aquellas reinas, de aquellas esposas, de aquellas madres de familia con quienes se veía comparada, y, por resultas de tales estudios, el engreimiento, la ambición, la curiosidad de mayor vida germinaron en su imaginación con tanto ímpetu...

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