Obras completas de D. José M. de Pereda, Volume 5

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Popular passages

Page 231 - aves que aquí sembráis vuestras querellas, hiedra que por los árboles caminas torciendo el paso por su verde seno...» todo esto, y mucho más, veo yo, oigo y toco. ¿Y por qué el sensible Nemoroso no ha de ser posible en estos valles? ¿Qué distancia hay de ellos á las imaginaciones de Garcilaso? ¡Oh divina poesía! te veo y te palpo... Pues señor, aquí, tras este tupido
Page 232 - como no pudiera imaginárselo el más diestro jardinero, exclamó, hasta con fe en las palabras del poeta: «Oh dríades, de hermoso nido, dulces y graciosísimas doncellas, que a la tarde salís de lo escondido, con los cabellos rubios, que las bellas espaldas dejan de oro cobijadas...!
Page 232 - la tarde salís de lo escondido, con los cabellos rubios, que las bellas espaldas dejan de oro cobijadas...! esperando, tal vez, que abriéndose las zarzas dejaran libre paso á la misma Galatea. Así es que al oir agitarse la enramada inmediata, no se sobrecogió lo más mínimo, en espera, como estaba, de algún prodigio. Pero cuando en lugar de los cabellos de la Ninfa
Page 273 - oyes?... CLETO.—De modo que como usté me dijo... ALCALDE.—¿Cantas... ó te condeno? CLETO.—Pos canto y digo.—Yo tengo, en primeramente, un güerto cerrado sobre sí y á paré seca. Resulta de que esta paré del güerto que yo tengo, se vino abajo por un lado, quedó un juriaco abierto, y entraron por él dos de
Page 145 - el aguardiente con pólvora, la entró un cólico que creí que reventaba. Como yo había oído que el aguardiente es bueno pa quitar el dolor de barriga, poniendo por fueraunos paños bien empapaos en ello, calenté en una sartén como medio cuartillo; y cuando estaba casi hirviendo, llevélo así á
Page 441 - rasero que nivela y confunde y amontona clases, lenguas y aspiraciones. La filosofía lo aplaude y lo ensalza como una conquista. Hace bien, si tiene razón; pero yo lo deploro, porque el arte lo llora. EL ESPÍRITU MODERNO. I. ACE doce años
Page 141 - el potaje. El Tuerto espera algo que no acaba de llegar; mira á la tartera, después al fondo de la olla vacía, y, por último, á su mujer. Ésta palidece. —¿Onde está la carne?—pregunta, al cabo, con voz ronca el pescador. —¡Mentira!... Yo te
Page 145 - paece que le gusta más desde entonces. He gastao en velas pa los Santos Martiles, á ver si la quitan el vicio, un sentío... y como si callara... Ya no sé qué hacer, tío Tremontorio, si no es matarla, porque es mucho el vicio que tiene.
Page 165 - pataratas y ná más que pataratas... ¡Qué los tienen de pegar, tiña? ¡Pus no faltaba más! Eso era en un prencipio... Yo no acancé ya el chicote; conque feúrate... Además, el tu marido es hombre que sabe cumplir con su obligación, y lo pasará bien... Lo que es á bordo, como no salga nostramo

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