Poesías

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imp. de García hermanos, 1885
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Page 91 - Permite que se eleve, Dios inmenso, hasta tu excelso trono mi gemido, pues de mis culpas al dolor intenso piedad mil veces y perdón te pido. Es verdad que mil veces y otras tantas he podido, Señor, desagradarte; mas hoy, postrada a tus divinas plantas, intento con mi amor desagraviarte. Acéptalo, gran Dios, Padre benigno, pues con mi amor te ofrezco desde el mundo los tristes ayes de mi pecho indigno, mi llanto amargo y mi dolor profundo. De la de Adán estirpe degradada, fango inmundo no más...
Page 92 - ... miras. Y con fe pura a tu presencia vengo a consagrar a ti, Rey de los Reyes, cuanto soy, cuanto valgo y cuanto tengo, ya obedecer tus sacrosantas leyes. Y pues nunca, jamás has desairado la dolorosa voz de mi quebranto, concédeme la gracia que te pido, si es para gloria de tu nombre santo. Y si te place, ¡oh Dios! que yo padezca todo el rigor de mi destino impío, ¡haz a lo menos que tu amor merezca cumpliendo fiel tu voluntad, Dios mío!
Page 45 - Jamás puede un tirano la cadena cargar al pueblo fuerte que enfurecido se alza, lidia, triunfa, o sufre noble muerte. ¡ Pueblos famosos de la antigua Grecia, vosotros lo decís!
Page 120 - ... mi pecho entusiasmaban prestando a mi alma pura placer indescriptible, mezclado de terror. Y al ver como formaban inmenso torbellino las perlas que tu seno derrama sin cesar, pensaba que era el hombre un átomo mezquino, conjunto deleznable de orgullo y vanidad. Pensaba que la dicha y el gozo y los pesares sucédense en la vida con tanta rapidez cual tus volubles ondas que ruedan a millares perdiendo al estrellarse su hermosa brillantez. Hoy vengo y de tus olas en el embate fiero en tu perenne,...
Page 129 - ... Mejía, Historia de la literatura dominicana, págs. 69-70. DESENCANTO A mi amiga Dolores Valverde. Tristeza y soledad es cuanto miro en derredor de mí ... No más cantares, que no puedo cantar cuando a millares lágrimas vierto y sin cesar suspiro. Del campo con las galas no me inspiro, ni me conmueve el ruido de los mares, ni la brisa que gime en los palmares mi sien halaga con su blando giro. No me encanta el fulgor del claro día, ni en la paz de la noche hallo consuelo, y no sé lo que...
Page 47 - ... estro y en la resonancia del período poético con el propio Quintana, Josefa A. Perdomo reduce sus odas civiles a palabrería sin nervio ya declamaciones en que se advierte poco entusiasmo por los ideales que encarece con lenguaje menos propio de una poesía heroica que de un artículo de periódico: Sí, nobles cibaeños, velad constantes por la patria bella, mostraos celosos defensores della, que siempre agradecida, siempre pura, cuando torne a gozar días más risueños, en su regazo os brindará...
Page 6 - ... mientras que la poetisa sólo tiene para sus cantos. las pocas enardecedoras excenas de la familia, las tibias i dulces fruiciones de la amistad i el cuadro de la naturaleza, que aunque la convida a amar i le habla en todo> de amor, sólo ha de ser interpretada i pintada por ella con los mas suaves i apacibles colores.
Page 119 - Dedicada a mi amiga Doña Dolores Valverde. Levanta ¡oh mar! levanta tus ondas orgullosas que dora con sus rayos purísimos el sol, y deja que en tus playas ardientes y arenosas, beber pueda raudales de noble inspiración. Levántalas y deja que en vórtice rugiente las unas tras las otras con regia majestad, avancen y salpiquen mi atormentada frente y luego ante mis plantas se vengan a estrellar.
Page 111 - De sus nobles i ardientes corazones, Al ánimo de todas las naciones Con rapidez eléctrica llevando. I tú, Italia poética, que diste Bajo tu cielo hermoso Gloriosa cuna al inmortal coloso, Tú, Italia, no pudiste Como madre, engañarte ni un momento, I la primera fuiste Que llena de contento Has doblado la clásica rodilla Ante la augusta...
Page 190 - I despreciais al pobre que no brilla ; Mirad a todo un Dios cómo se humilla Por dar ejemplos de humildad al hombre ! Mas no basta a su amor el sacrificio Que al nacer hace de su inmensa gloria ; Quiere del mundo desterrar el vicio, El poder del infierno quebrantando...

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