Los de abajo

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Establecimiento tipografico de Antonio Marzo, 1913 - 291 pages
 

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Contents

I
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II
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III
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IV
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V
39
VI
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VII
53
VIII
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XX
153
XXI
161
XXII
171
XXIII
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XXIV
183
XXV
191
XXVI
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XXVII
205

IX
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X
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XI
87
XII
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XIII
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XIV
111
XV
117
XVI
123
XVII
129
XVIII
137
XIX
145
XXVIII
215
XXIX
221
XXX
231
XXXI
239
XXXII
247
XXXIII
253
XXXIV
261
XXXV
267
XXXVI
273
XXXVII
281
XXXVIII
287

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Popular passages

Page 143 - Porque siempre en mí porfía, Yo velo en la noche umbría Suspirando á tu ventana, ¡ Galiana mía! .... Mas si han de espirar mis quejas En tus rejas, No me las abras, Galiana, Noche ni dia. Y si al fin de duelo tanto, De tan amorosas cuitas Te cansa el son de mi canto, Y te cansan mis visitas; Si tu sueño ó tus placeres Ya no quieres Que turbe importuno mas, Manda que rompan la lira Que suspira Tan amoroso...
Page 205 - ... se erguía recta y firme para sostener una cabeza varonil, donde brillaban los ojos con el resplandor de la juventud y sonreía la boca enseñando la dentadura. Cuando salió por última vez de la mina, era un frasco de mercurio más, un cacho de mineral vivo, útil aún para producir ganancias a sus explotadores, si éstos no vacilan en entregarle a una prensa destiladora.
Page 204 - ... podría mirársele con la angustia que produce el sufrir del prójimo, pero con la resignación que acompaña a lo inevitable. El espectáculo ofrecido por el hombre reptil que se arrastraba frente a mis ojos, si producía angustia, no producía resignación; producía indignada cólera, porque aquel hombre no era un error sufrido por la Naturaleza en su taller de criaturas; era un crimen cometido por la sociedad en su inquisición de ciudadanos. Aquel hombre era una víctima de la mina, un contribuyente...
Page 205 - ... contribuyente del mercurio que platea los criaderos de Almadén. La miseria, las urgencias del mendrugo diario le empujaron hacia el pozo y le metieron en la jaula y le desembarcaron en la galería, enfrentándole con la veta de azogue y poniéndole una piqueta o un barreno en las manos. Cuando bajó a la mina por primera vez, era un individuo fuerte y ágil. Sus carnes, vivificadas por el sol, fortalecidas por el aire libre de los campos, tenían resistencia y salud; sus músculos se remarcaban...
Page 206 - Él habla; no precisan acotaciones para esta relación. — Hace treinta años -decía aquella cara que pensaba y hablaba-, hace treinta años, tenía yo dieciocho, bajé por primera vez a la mina; había que buscarse el pan. Bajé ganando dos pesetas diarias. Diez bajadas mensuales, no puede uno hacer más sin morirse pronto, hacen un jornal de veinte pesetas cada treinta días. ¡Entonces trabajaba yo mucho! ¡Claro! Aún estaba fuerte para pelear con el azogue. Luego el azogue fue pudiendo conmigo...
Page 204 - ... reingreso en la humanidad. El otro no; el otro no puede mandar a sus músculos como dueño, ni afianzarse a placer en los puntales de sus huesos, ni erguir voluntariamente su médula. Está condenado a arrastrarse contra la tierra, hasta que la tierra se entreabra compasivamente para ofrecerle sepultura. Es un hombre reptil de por vida. Y si este hombre reptil fuera producto de un error cometido por la Naturaleza, en su taller de criaturas, aún podría mirársele con la angustia que produce...
Page 206 - ... llegó cerca de mí: se izó con auxilio de sus brazos bailones, sobre una de las sillas; desplomó su cuerpo contra ella; sujetó con sus manos, que temblaban epilépticamente, sus piernas, que temblaban también epilépticamente; apoyó en el duro respaldo su cabeza péndulo y mirándonos cara a cara, nos dijo con voz tartamuda: — Los señores quieren saber mi vida. Óiganla y Dios les pague el bien que hagan por mí. Y habló; habló sencilla y humildemente, sin protestas, con resignación...
Page 207 - Al terno es un mes arriba y otro abajo. Después me pusieron arriba del todo; porque no estaba pa bajar. El mercurio se hizo el amo de mi persona y los temblores se crecieron. Una noche, al volver del trabajo, dando tiritones como siempre, abrí la puerta de mi casa, fui a andar y se me marcharon los pies y caí en el suelo de espaldas. Creí que se trataba de un resbalón; hice por levantarme apoyándome en las dos manos. ¡Que si quieres! No podía levantarme ya; no podría ponerme derecho en jamás;...
Page 201 - ... pobreza del recinto, deshacíase en polvo de oro y volvía a la calle tejiendo, desde las baldosas a la puerta, una gasa de anémicos matices azules. Más adentro, apenas si llegaba la luz. La vidriera verdosa de un ventanillo entrecruzado por anchas líneas de hoja de lata, mejor era estorbo que paso de claridad. Con la puerta ocurría lo mismo. La sala se abocetaba confusamente entre melancólicas sombras que permitían entrever paredes desnudas, afeitadas con yeso, cuatro o cinco sillas, una...
Page 201 - EL MODORRO Penetré en la casa inclinando un poco la cabeza para trasponer el desmedrado umbral. El sol entraba allí de contrabando; se detenía sobre las primeras baldosas, convirtiéndolas en muzárabes azulejos, y luego, como si le asustaran la humedad y pobreza del recinto, deshacíase en polvo de oro y volvía a la calle tejiendo, desde las baldosas a la puerta, una gasa de anémicos matices azules. Más adentro, apenas si llegaba la luz. La vidriera verdosa de un ventanillo entrecruzado por...

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