Page images
PDF

Sólo tengo corazon

Pa llorar mi bien perdido!

CENTURIÓN

Don Luciano, qué nos dice?...

Luciano

—Lo que oye compañero,
Tuve una inuier que quise
Y lloro ese amor primero!

La guerra con Pus quebrantos,
Y mi ausencia de su lao,
Le causaron males tántos
Que esa luz se ha encandilao.

Mi sola esperanza ha sido
Poder hacerla dichosa;
Era mi prenda amorosa...
¡Pobrecita! la he perdido!

Murió como una violeta
Que la helada marchitó!
El sol que la sustentaba
De alumbrarla se cansó!

BALIENTE

Hoy nos hemos encontrao
Cuatro compinches riunidos,
Y cada uno los sonidos
Arrancó de su pasao;
Usté tuabia no ha contao
Su historia, que ha de ser güena; •
¡Échesé atrás la melena!
Y apriétese el tirador,

¡Que el canto de un payador
Será como luna llena!

Luciano

Salí pa el pago rumbiando
Al ser un hecho la paz;
Mi deseo era tan voraz
Que en la marcha iba volando;
Mas vide al llegar, temblando,
Que de tánto que dejé,
Ya nada quedaba en pié
Sino una triste tapera!
¡Es la guerra cosa fiera!
Solo su rastro se vé!

De mi haciendita y manada,
Un corral y una quintita,
Solo hallé una que otra pita
Poel campo desparramada;
Ansí es la suerte malvada
Del que lo azotó el destino;
Y el que nació con mal sino
De la vida en los imbiones,
¡Cardos y tribulaciones
Solo hallará en su camino!!!

Tambien la tierra tragó
La que me sirvió de guía,
Y cuando la prenda mia
Desamparada se vió,
Al mundo se abandonó!
¡Pobre pájaro sin nido!
Pronto sabrán lo que ha sido
De aquel lirio tan brillante,
Que en un martirio costante
Por mi amor había vivido!

Ni sé si contar podré
Transido por el quebranto,
La historia de aquel encanto,
Que del mundo se me jué;
¡Viera! cómo la encontré!
Su vida cuasi apagada;
Ya sin brillo su mirada,
Y en una agonía atros...
¡Puede que pidiera á Dios
Verme en su última boquiada!

De los ojos me corrieron
Cual gotas de fuego hirvientes,
Dos lagrimones ardientes
Que en su mejilla cayeron;
Y sus lábios se entrabrieron,
Más solo pudo decir:
«Que dispues que vió morir
»A su madre tan querida,
»Como fiera perseguida
>De aquel rancho quiso juir.»

Al palpar su desventura
Mas grande jué su desvelo;
Levantó la vista al cielo,
Se entregó ciega á la suerte,
Esperando su consuelo
En los brazos de la muerte!

Al verla en tan triste estao
Se me empaparon los ojos,
Y rociaban los despojos
De la que tánto había amao!
Sus güesos ya estaban flojos;
¡Cuánto en el mundo ha penao!
Acosada po el rigor,
Y ausente del que adoraba,
Triste las horas pasaba
Sin noticias de su amor;
Hasta que al fin, esa flor
Sin rocío, sol, ni aliento,
Se vió curtida poel viento
Tan variable, del destino,
Y sus hojas, mi camino
Sembraron de sufrimiento!

Al menos me consolé
De que muriera en mis brazos!
Le abrí un hoyo á pocos pasos
Donde su cuerpo enterré;
Y diay cerquita corté
Para una cruz, dos orcones,
Y resándoie oraciones
La puse en su cabecera—
Pá cuando á verla volviera
Poder dar con sus terrones!

Y allí mesmo arrodillado
Con prqjunda devosion,
A Dios le pedi perdon
Por sus culpas y pecados.

Y de aquel pago salí
Mas triste que camposanto,
Golpiándome del quebranto
A muchas leguas de allí,
Donde pronto conseguí
Ocuparme en una estancia,
Creyendo con la distancia
Poder calmar mi amargura,

Confiao que el Dios de la altura Valor me diera y costancia.

Salimos pronto á tropiar,
Y con ganao del rodeo
Fimos á Montevideo
Ande se había de entregar;
Y aura acabo de llegar,
Y aquí comienza el relato,
Que lo largo de barato
Al relatador mejor,
¡Pues Luciano el payador
Para prosiar no abre trato!

Aquel, es un gran corral
De hacienda de tuito pelo,
Y decirlo no recelo,
Que en tán gran merenjenal
Si beyaquéa un bagual
Y sale haciendo cabriolas,

No le atajan ni con bolas

La lengua, dicho de paso,
Porque es charlar amigaso
Sin sujetarle birolas.

Por áura dejo los trances

De una vida tán amarga,

A otro lao daré la carga

Pa que óigan nuevos percances.

Seguiré parejo y bien,
Luego este cortado cuento
Dende mi cruel nacimiento,
Hasta la hora en que me vén.

« PreviousContinue »