Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Front Cover
Linkgua digital, Aug 31, 2011 - Fiction - 358 pages
0 Reviews
Cervantes murió en Madrid, y cuatro días antes dedicó al conde de Lemos su Persiles. La dedicatoria es una última muestra de su sentido del humor:
 

What people are saying - Write a review

We haven't found any reviews in the usual places.

Selected pages

Contents

I
22
II
25
III
30
IV
32
V
38
VI
44
VII
50
VIII
52
XLI
177
XLII
182
XLIII
187
XLIV
191
XLV
194
XLVI
200
XLVII
206
XLVIII
212

IX
56
X
59
XI
63
XII
66
XIII
70
XIV
73
XV
76
XVI
78
XVII
81
XVIII
82
XIX
90
XX
94
XXI
97
XXII
99
XXIII
103
XXIV
108
XXV
110
XXVI
115
XXVII
119
XXVIII
122
XXIX
127
XXX
130
XXXI
134
XXXII
139
XXXIII
143
XXXIV
145
XXXV
152
XXXVI
155
XXXVII
160
XXXVIII
166
XXXIX
170
XL
174
XLIX
216
L
223
LI
230
LII
238
LIII
241
LIV
245
LV
253
LVI
259
LVII
266
LVIII
272
LIX
276
LX
281
LXI
284
LXII
288
LXIII
293
LXIV
297
LXV
301
LXVI
305
LXVII
310
LXVIII
314
LXIX
318
LXX
322
LXXI
324
LXXII
329
LXXIII
333
LXXIV
339
LXXV
342
LXXVI
345
LXXVII
348
LXXVIII
351
Copyright

Other editions - View all

Common terms and phrases

About the author (2011)

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616). España. Miguel de Cervantes Saavedra nació a mediados de 1547, en Alcalá de Henares, como cuarto de los siete hijos del cirujano Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. Después, entre 1551 y 1556, su familia se trasladaría, sucesivamente, a Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde llevarían siempre una vida modesta y no exenta de dificultades. No se conocen referencias claras sobre la infancia y juventud de Cervantes, y tampoco sobre su formación. Es probable que estudiara en los colegios jesuitas de Córdoba y Sevilla, pero no en la universidad. Sí consta su contacto, a partir de 1566, con el catedrático de gramática y retórica Juan López de Hoyos, en Madrid, quien probablemente lo inició en el arte de la poesía y en la cultura renacentista y humanista de la época. Hacia 1569, tras algún lance callejero o de honor en el que debió herir a un tal Antonio de Sigura, Miguel de Cervantes marchó a Roma con la intención, sobre todo, de eludir a la justicia. Allí entró al servicio del cardenal Giulio Acquaviva y, poco después, trabajó como soldado en el tercio de Miguel de Moncada. Los motivos de este cambio de ocupación son, todavía hoy, un enigma. Los azares bélicos llevaron a Cervantes a la batalla de Lepanto (1571), a bordo de la galera Marquesa, perteneciente a la escuadra mandada por Juan de Austria. En esta batalla fue herido en la mano izquierda, la cual le quedó inútil. Después, tras unos meses de recuperación en Mesina, volvió a participar en las campañas de Bizerta y Túnez. En el prólogo de la segunda parte del Quijote, el mismo Cervantes refiere con orgullo su participación en la batalla de Lepanto, así como su herida y la compensación que obtuvo por su valor. En 1575, ya licenciado del Ejército y llevando en su poder unas cartas de recomendación de sus superiores (las cuales, sin duda, pensaba hacer valer para conseguir su perdón), Cervantes regresó desde Nápoles a España en la goleta Sol; le acompañaba su hermano Rodrigo, tres años menor que él, quien también había servido en la Armada en Italia. Durante el trayecto, en algún punto entre Marsella y la actual costa Brava catalana, unas naves berberiscas entablaron batalla contra la goleta y la abordaron, tomando, entre otros prisioneros, a Cervantes y su hermano Rodrigo. Paradójicamente, las cartas de recomendación que llevaba Cervantes quizá jugaron en su contra en aquella situación, ya que debieron hacer pensar a los berberiscos que se trataba de un personaje muy importante y que podrían pedir por él un cuantioso rescate. La vida de Cervantes en este punto resulta en verdad novelesca, y también desafortunada. Permaneció como preso y esclavo en Argel durante cinco años (periodo aludido en varias de sus obras, incluso en el Quijote), e intentó su fuga y la de otros presos varias veces, pero sin éxito, debido, al parecer, a delaciones y traiciones de propios y extraños, con lo cual su cautiverio fue cada vez más severo. Mientras tanto, su hermano Rodrigo pudo ser liberado con el pago del rescate por parte de la familia, mucho menor que el exigido para Miguel. Si el portugués Camões había tenido que ser subvencionado por unos amigos para regresar de su penoso viaje a la India, Cervantes solo recuperará la libertad gracias a las colectas realizadas por unos religiosos trinitarios entre los mercaderes cristianos de Argel, con las que consiguieron reunir el precio exigido del rescate. Poco antes de su liberación, a Cervantes se le había asignado ya un nuevo destino como cautivo en Constantinopla, y es probable que, de haber sido trasladado, quizá no conoceríamos hoy su obra tal y como la conocemos, o tal vez de ninguna manera. Liberado en septiembre de 158, Cervantes se embarcó rumbo a Valencia y viajó después a Madrid y a Lisboa (entonces territorio del Imperio español), donde Felipe II le encomendó una misión en Orán. Cumplida ésta, y tras algunas peripecias, regresó a Madrid, donde debió intentar conseguir un destino en América, aunque sin conseguirlo. Es en esa época cuando escribió La Galatea, y también cuando mantuvo un romance con Ana Franca de Rojas, dama de la que él mismo reconoció haber tenido una hija, Isabel. Posteriormente, a finales de 1584, se casó con una muchacha joven y humilde, Catalina de Salazar Palacios, con la que vivió en Esquivias, pueblo toledano próximo a Aranjuez. Entre 1587 y 16, probablemente con su matrimonio haciendo aguas, Cervantes, solo y a disgusto, marcha a Sevilla como comisionado de la recaudación de impuestos, grano y aceite para la Armada, la cual se estaba pertrechando para la guerra contra Inglaterra y creando la famosa Armada Invencible. Pero el infortunio volvió a visitar al escritor, ya que fue acusado de apropiación indebida de dinero, quizá, en parte, con motivos fundados o quizá debido a la quiebra de la banca donde depositaba los impuestos recaudados. Así, Cervantes hubo de sufrir prisión temporalmente (en dos ocasiones) hasta que su recurso de inocencia fue admitido. Además, tampoco sus nuevas peticiones de traslado a las Indias le habían sido concedidas. (Realmente, Cervantes vive un periodo en que el inmenso Imperio español comienza a dar sus primeros síntomas de crisis militar, política y económica, tanto en Europa, como en América, África y Asia.) Sevilla, Cádiz, los pueblos andaluces, las ventas y los caminos que tuvo recorrer Cervantes en esa etapa de su vida, así como las gentes de todo orden con las que trató (campesinos, traficantes e incluso maleantes) quedaron, no obstante, como un inspirador poso en la mente creativa del escritor. La escritura del Quijote debió iniciarla ya en Andalucía, y la proseguiría en Valladolid, ciudad a la que se mudó en 163 (esta vez con Catalina), como adjunto a la Corte de Felipe III. Pero, ciertas cuitas referidas a las sospechas de asesinato de un hombre y a la actividad poco moral de algunas mujeres de su casa (no está claro si de su hija Isabel, sus hermanas Magdalena y Andrea o la hija de esta última, Constanza, o algunas de ellas) le produjeron a Cervantes nuevos sinsabores. En 166, habiendo publicado ya el Quijote a inicios del año anterior, Cervantes y su familia se trasladan a Madrid, siguiendo de nuevo a la Corte y entrando en contacto con el conde de Lemos, hombre político y de letras que ejerció cierta protección sobre Cervantes, así como sobre Lope de Vega (con quien Cervantes mantuvo una sostenida disputa literaria de tintes variables). En Madrid vivió los últimos años de su vida, entre las satisfacciones por ir viendo publicada su obra (aunque tardíamente y siempre mal remunerada), el dolor por la muerte de sus hermanas, la decepción por ver denegadas sus nuevas peticiones de traslado y la austeridad de una vida de escritor pobre. El Quijote había tenido mucho éxito y, cuando su popularidad se extendió, Cervantes pudo ver publicadas, a partir de 1613, la mayor parte de sus obras, con el único inconveniente de que no percibía derechos por ellas, ya que los había vendido por un tanto alzado al impresor. (El Quijote tenía un precio aproximado equivalente a tres o cuatro euros de hoy en día.) Sin descendencia legítima, Cervantes murió en su casa de la calle León, en Madrid, el 22 de abril de 1616. Tenía sesenta y ocho años de edad, y fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas, sito en la actual calle madrileña que lleva el nombre de Lope de Vega, quien fue, a la sazón y paradójicamente, uno de los escritores coetáneos de Cervantes que más criticaron su obra.

Bibliographic information